¡No pasó nada!
Solo alguien demasiado ingenuo podría creer que las horrorosas muertes de Jovi Herrera y Jorge Luis Huamán tendrán un efecto transformado sobre el paraíso del caos y la informalidad. Solo alguien con harta inocencia creerá en que, de pronto, porque dos chicos pobres murieron quemados, los comerciantes de Las Malvinas, Mesa Redonda y Gamarra entenderán ahora sí que el futuro de sus lucrativos negocios depende sobre todo de hacer dinero sin cagarse en la ley.
No hay que husmear mucho en la historia para entender por qué tanto pesimismo. Hace ya 16 años, en Lima ocurrió uno de los incendios más mortales en el mundo: 466 fallecidos. Tugurizada, hacinada y por entonces repleta con toneladas de cohetes y ratas blancas, ese 2001 Mesa Redonda dejó de ser un emporio comercial y le dio nombre propio al terror.
En estos largos e impunes 16 años, Mesa Redonda ha visto varios incendios más. El último fue en galería La Cochera, repleta ya no de pirotécnicos, sino de pintura y otros insumos de alta combustión. Es el mismo escenario explosivo que impera en Las Malvinas, ese otro gran emporio comercial que fue consolidándose a golpe de desalojos. Los ambulantes que eran sacados del Centro acondicionaron sus galerías y almacenes ferreteros en las fábricas de la antigua zona industrial. Bastó poco más de una década para apilar un nuevo polvorín en Lima.
Ese conglomerado de informalidad y esclavitud tuvo su más reciente estallido en la ex fábrica Nicolini. Como ese edificio hay otras 13 galerías y centros comerciales que funcionan con altísimo riesgo de incendiarse, solo esperando que ese chispazo mortal no se prenda nunca.
En la década previa a Mesa Redonda ocurrieron 6 incendios que mataron a 19 personas. El infierno era previsible y siendo previsible ocurrió. Por eso, por más que el ministro del Interior vestido de bombero diga que el incendio del jr. Dansey fue un crimen imperdonable, puedo apostar que poco o nada cambiará en Las Malvinas: los comercios ilegales y peligrosos seguirán funcionando; la autoridad municipal de Lima lo seguirá permitiendo.
Si fuera de otro modo, ya estarían cerradas las 13 galerías de alto riesgo que atienden descaradamente en los contornos de la Av. Argentina. Da rabia, pero es así: las horrorosas muertes de Jovi Herrera y Jorge Luis Huamán no son ese punto de inflexión que llevó a prohibir los pirotécnicos en Mesa Redonda. En Las Malvinas, en Gamarra y en la Municipalidad de Lima, aún aguardan por otra tragedia, de esas que se vuelven noticia mundial.

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